Mucho se viene hablando sobre las consecuencias que está trayendo el Covid-19 para la vida de todos y la especulación sobre el futuro son muchas. Ya se venían dando algunas tendencias positivas con respecto a energía y movilidad buscando un escenario más sostenible y enfocado en las personas, que ahora creo que estamos ante una oportunidad inmejorable.

Resulta evidente que la vida en nuestras ciudades está siendo inhumana y es urgente poder trabajar en la “descarbonización” de las mismas. El Covid-19 puso en clara evidencia que la forma que tenemos de movernos no era sostenible (ver imagen 1 y 2) y que las emisiones en nuestras ciudades nos están envenenando. Según la OMS[1] varios millones de personas mueren por año por la exposición a las partículas finas contenidas en el aire contaminado. Es cierto que, en las ciudades hay más factores (además del tráfico) que influyen en la contaminación, pero sin duda que su aporte es importante.



Por lo tanto, se suma otro desafío y urgencia para nuestras ciudades: la “descarbonización”. Abordaremos el tema enfocándolo especialmente en energía y movilidad urbana. Para ello es clave entender que la matriz energética renovable debe desarrollarse llegando a tener generación de energía distribuida en la ciudad. Para esto la energía solar y la figura de usuario “prosumidor” (mezcla de consumidor y productor de energía) es una pieza fundamental.

Resulta obvio (aunque quizás no tanto) que la lógica de utilizar energía que se produce en lugares alejados (siendo muchas veces energía no renovable) es ineficiente por todas las pérdidas asociadas a su transporte. Por lo tanto, una solución más sostenible sería tender a generación de energía distribuida en nuestras ciudades, especialmente mediante energía solar, producida en casas, oficinas y fábricas y que inyecten energía a la red cuando tengan excedente. Con esto cobra especial protagonismo el almacenamiento de dicha energía, que se puede lograr a través de baterías, siendo las de alta densidad energética muy importantes para lograr este propósito.

Otro actor importante para “descarbonizar” las ciudades es la movilidad eléctrica, la cual sería un cambio profundo y de gran impacto. Imagínense por un momento no escuchar ruidos del tráfico ni tener emisiones de vehículos a combustión en nuestras ciudades, cambiaría profundamente nuestro día a día, se escucharían más nuestras voces, pájaros, vientos, naturaleza. Es cierto que todo esto debería estar acompañado de intervenciones urbanas que hagan la vida más humana en nuestras ciudades (quizás una solución interesante en esto puede ser las supermanzanas como las de Barcelona, entre otras medidas).

Vale la pena hacer hincapié en que el auto particular no es una forma eficiente de moverse en ciudades. En promedio suele transportar alrededor de 1,2 pasajeros por viaje, además del espacio ocupado al estacionar (muchas veces espacio público) y otros costos asociados (como seguro, estacionamiento, peajes, patentes, mecánico, etc). Por lo tanto, siempre se tiende a fomentar el uso del transporte público o de medios no motorizados (como caminar o bicicleta).

Por otra parte, ya muchos países del mundo han fijado fechas límites para la venta de vehículos de combustión. Recordemos (sin entrar en debates) que la eficiencia de un motor a combustión está en torno al 30% mientras que la eficiencia de un motor eléctrico en torno al 90% (además de la contaminación que produce el primero). Por lo tanto, según las tendencias y desarrollos que van apareciendo, el futuro de la movilidad se plantea cada vez más para ser: eléctrica, compartida, conectada y (potencialmente) autónoma[2] (recomiendo ver este proyecto https://evshare.com/). Es decir, los vehículos serán más parecido a un smartphone sobre ruedas.

Pero, aunque la tecnología esté disponible, la recarga de dichos vehículos plantea otro desafío. La misma podría darse, (entre otras alternativas) por:

  • conexión a la red o en distintos puntos de recarga distribuidos en la ciudad (enchufándose como los celulares)
  • o también mediante cargadores inalámbricos de inducción (igual que la carga inalámbrica de algunos smartphones)
  • o mediante carriles en los que mientras se circula se carguen los vehículos con el mismo principio de inducción.

Se buscaría proveer una red de carga redundante para el abastecimiento de todo el sistema de movilidad de la ciudad. Además, es importante aclarar que movilidad eléctrica no sólo tomaría energía de la red, sino que en caso de ser necesario podría aportar energía a la red de la propia batería, por ejemplo, en el caso de un corte de luz.

Este es un breve adelanto de algunos desarrollos que se asoman y que tendrán impactos muy significativos en nuestro día a día. Varios de estos cambios están mucho más cerca de ser realidad de lo que pensamos, pero para eso tenemos que estar preparados como sociedad.

Sin duda que una fuente de energía y movilidad que sean sostenibles serán para el bien de nuestra generación, pero ojalá que tengamos la ilusión de dejarles a las próximas generaciones un mundo mejor del que recibimos.

Querés saber más sobre movilidad? Seguí el blog del Ing. Javier Yanzón, especialista en movilidad sostenible o también podés seguir todas sus publicaciones en su perfil profesional de LinkedIn


[1] Cfr. https://www.who.int/es/news-room/detail/02-05-2018-9-out-of-10-people-worldwide-breathe-polluted-air-but-more-countries-are-taking-action

[2] Cfr. https://evshare.com/